Las relaciones Brasil-China: El giro en la Política Exterior desde la presidencia de Bolsonaro

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Resumen

A 45 años del inicio de las relaciones diplomáticas entre Brasil y la República Popular de China y después de décadas de relaciones cooperativas, hoy, Brasil se presenta como un país reacio a mantener ese vínculo como consecuencia de su reorientación en la política externa. La falta de estrategia y pragmatismo político, que predominan en dicha reorientación, quedó en evidencia después de una serie de ataques sin fundamentos lógicos al país asiático, provocando tensiones entre las relaciones bilaterales de ambos países. Este trabajo pretende mostrar los aspectos más importantes de la política exterior de Brasil hacia China, desde la presidencia de Jair Bolsonaro. Su discurso ofensivo, además de traer conflictos y tensiones con los principales socios comerciales del país, demuestra la falta de consenso dentro del gobierno, a partir de la existencia de grupos y sectores que presionan para que se mantengan las buenas relaciones en el ámbito diplomático.

Visita de Xi Jinping a Brasilia en 2019.
Fuente: https://www.fmprc.gov.cn/mfa_eng/zxxx_662805/t1716578.shtml

1. Introducción

La política exterior es una de las herramientas más importantes que tiene un país para definir su posición en el sistema internacional y alcanzar mejores niveles de desarrollo. Ese propósito puede materializarse mediante una estrategia de inserción internacional sustentada en la búsqueda de alianzas comerciales, el establecimiento de vínculos cooperativos, asociaciones estratégicas y todo tipo de acuerdo de cooperación conjunta que pueda ser beneficioso. Los discursos, las expresiones o manifestaciones en el ámbito de la diplomacia, también pueden tener consecuencias significativas en términos económicos y de inserción internacional. En ese sentido, la política externa puede estar orientada hacia la búsqueda del pragmatismo, o bien, puede corresponderse más con la defensa de una base ideológica determinada.

Brasil se caracteriza por ser una potencia media en el orden internacional, que, pese a no ser altamente industrializado y a no formar parte del circuito financiero internacional como prestamista, ejerce un rol significativo y con cierto poder de negociación internacional. Algunos elementos relevantes que le permiten a Brasil esta posición son el tamaño de su población y territorio, la participación en diversas organizaciones internacionales multilaterales, como el G20, la OMC y los BRICS [i], y su tradicional rol de líder promotor de la integración regional suramericana. En los aspectos económicos, se destaca por su producción agrícola y de materias primas como el hierro, productos derivados de petróleo, entre otros.

Actualmente, China es el principal socio comercial de Brasil, y uno de los principales financistas en sectores estratégicos y de capital intensivo. Ambos comparten varios espacios bilaterales y multilaterales. Sus relaciones son importantes no sólo en aspectos económicos y comerciales, sino que además cobran relevancia porque China es una potencia en ascenso en el orden global y hoy es un aliado clave para dar un impulso económico a la región suramericana (Ríos, 2020). Desde el inicio de las relaciones diplomáticas entre ambos países, los diversos gobiernos que transitaron por Brasil, aunque orientados por diferentes proyectos políticos, establecieron relaciones en favor de agendas comunes, incluso hasta alcanzar el establecimiento de una asociación estratégica. Pasando por diversas etapas, hubo gobiernos que se caracterizaron por posicionarse abiertamente anti comunistas, sin embargo, habían tenido pragmatismo en las relaciones con China.

En lo que se refiere a la política externa del actual gobierno de Jair Bolsonaro, muchos patrones consolidados de comportamiento internacional del país fueron puestos en jaque; esto revela vivenciar tal tensión entre pragmatismo e ideología (Gomes Saraiva & Costa Silva, 2019). Gran parte de la literatura revisada pone en evidencia que dicha política ha tenido como principal directriz el alineamiento a la política externa del gobierno de Donald Trump. De esta manera, y considerando la disputa entre las relaciones China-Estados Unidos, el gobierno de Bolsonaro está comprometiendo a la inserción internacional de Brasil, colocándolo en medio de esa disputa. Las críticas direccionadas a China y las tensiones entre las relaciones bilaterales Brasil-China no solo afectan a estos dos países, sino que, como varios especialistas sostienen, tienden a mantener a la región latinoamericana como área de influencia de los Estados Unidos. A su vez, esto tiende a exacerbarse en el escenario de la pandemia ocasionada por el Covid-19, en el que China podría ser uno de los proveedores de la vacuna y de diversos equipamientos médicos.

Este trabajo tiene por objetivo mostrar los aspectos más importantes de la reorientación de la política exterior de Brasil hacia China, desde la presidencia de Bolsonaro, así como los diferentes impactos de la falta de pragmatismo de su política externa hacia el país asiático. Además de esta introducción, el trabajo está dividido de la siguiente manera. Primeramente, se presenta un breve histórico de las relaciones Brasil-China hasta la presidencia de Michel Temer. Luego, se analiza la actual política exterior de Brasil hacia China en la presidencia de Bolsonaro. Por último, se abordan los aspectos comerciales y financieros más relevantes de la relación Brasil-China y se dejan algunas consideraciones finales sobre lo abordado.

2. Breve histórico de las relaciones Brasil-China antes de Bolsonaro

En el año 2019, se cumplieron 45 años desde el inicio de las relaciones diplomáticas entre Brasil y la República Popular de China. Estas habían sido interrumpidas en el contexto de la Guerra Fría, en un período en que la diplomacia brasilera priorizó sus contactos con Taiwan, estableciendo embajada en Taipei en el año 1952. Sólo se reestablecieron en 1974, durante el gobierno de Ernesto Geisel (1974-1979). Aunque el gobierno de Geisel se declaraba anticomunista, restableció las relaciones con China en favor de las agendas en común (Pautasso, 2020). A partir de los años 80, los dos países se aproximaron y comenzaron a votar de forma similar en foros internacionales, y a firmar acuerdos de cooperación en ciencia y tecnología. Brasil pasó a ver las relaciones con China como una forma de romper con el pasado militar y ganar envergadura en foros internacionales, movido por una política externa cada vez más independiente (Favaretto Prieto et al., 2020).

La década de 1990 fue marcada por mayor sinergia económica entre las dos naciones, frente a un panorama de apertura de la economía brasilera y de aceleramiento del proceso de desarrollo de China (Pautasso, 2020). Los líderes brasileros pasaron a dar atención significativa a China en función de las relaciones económicas, en áreas como agricultura, energía, financiera, minería, tecnología e innovación y cooperación espacial. El presidente Fernando Henrique Cardoso (1995-2003), eligió a China como una de las prioridades en política externa (Favaretto Prieto et al., 2020). Además, fue Brasil el primer país del mundo con el cual China estableció relaciones estratégicas en 1993, consolidadas bajo la fórmula de una asociación estratégica en 2004 (Ríos, 2020; Pautasso, 2020).

De acuerdo con Ríos (2020), la formalización de una relación de este tipo marca el establecimiento de una nueva fase en las relaciones bilaterales; supone añadir un nuevo nivel en la cooperación bilateral y situar un paso más adelante la gestión de los intereses comunes que ambas partes deciden poner de manifiesto por encima de las diferencias. Se trata de adoptar un enfoque constructivo en las relaciones bilaterales, alargando contenidos de la agenda desde lo económico a otros aspectos, desde culturales a militares.

Durante los gobiernos de Luiz Inácio Lula da Silva (2003-2006/2007-2010) y de Dilma Rousseff (2011-2014/2015-agosto de 2016), cuyos proyectos partían de bases políticas similares del Partido de los Trabajadores (PT), se intensificaron los vínculos con China. Desde la presidencia de Lula Da Silva, la política exterior estuvo al servicio de un mayor nivel de desarrollo y en defensa de los intereses nacionales. Éste dio prioridad a China desde su discurso inaugural. Según Pautasso (2020), a lo largo de la primera década del siglo XXI, Brasil fomentó la actuación conjunta con China en el proceso de revisión de cuotas del Fondo Monetario Internacional (FMI), en la institucionalización del G20 comercial y del G20 financiero, en el establecimiento del bloque BASIC [ii] y en la creación de los BRIC (posteriormente BRICS). Además, este último es relevante en relación a la creación del Novo Banco de Desenvolvimento (NDB) y del Acuerdo Contingente de Reservas (ACR).

En ese período se destacan una serie de acuerdos diplomáticos conjuntos entre ambas naciones. La creación de la Comissão Sino-Brasileira de Alto Nível de Concertação e Cooperação (COSBAN) y del Conselho Empresarial Brasil-China (CEBC), y en 2004 se firmaron los Planos de Ação Conjunta (PAC) para los períodos comprendidos entre 2010-2014 y 2015-2021. En 2011, la presidenta Dilma Rousseff hizo su primer viaje a Beijing, en el que se cerraron diversos acuerdos. Ese mismo año, también se firmó el Comunicado Conjunto entre la República Federativa de Brasil y la República Popular de China, sobre documentos de cooperación en las áreas de política, defensa, ciencia y tecnología, recursos hídricos, deporte, educación, agricultura, energía, energía eléctrica, telecomunicaciones, aeronáutica, entre otros (Favaretto Prieto et al., 2020).

En el año 2012, la Asociación Estratégica que había sido establecida en 1993, fue elevada a la categoría de Asociación Estratégica Integral, por otro lado, también se institucionalizó el Plano Decenal de Cooperação (2012-2021). Según Favaretto Prieto ( et al., 2020) se trata de la más elevada instancia de acompañamiento e implementación de la agenda bilateral entre Brasil y China. Asimismo, dada su amplitud, se designa a la Comissão de Alto Nível como la encargada de propiciar mecanismos de diálogo para el tratamiento adecuado y oportuno de cada uno de los temas de la agenda bilateral. Para los autores, este mecanismo permite una visión integrada de las oportunidades de cooperación y el tratamiento de temas de interés estratégico para los dos países.

En 2016, el gobierno de Dilma Rouseff atravesó un proceso de Impeachment que provocó su separación del cargo en ese año. El presidente entrante, Michel Temer (agosto de 2016-2018), anunciaba un cambio en las bases políticas del gobierno nacional, pasando a un modelo de mayor apertura económica con orientación neoliberal. En cuanto a la política externa, se diferenció a la de los gobiernos del PT, principalmente, porque primaban las relaciones económicas y comerciales y se dejaban de lado cuestiones vinculadas a una inserción externa más independiente. No obstante, Vidigal (2019) señala que fue pragmática en el sentido de priorizar aquellos aspectos económicos de mayor interés para el país. Ese pragmatismo se explica por el énfasis atribuido a las relaciones comerciales y económicas con China, por ejemplo, en el mantenimiento de sus niveles de negocios en el sector agropecuario, y a la misma vez, la búsqueda de relaciones económicas más estrechas con los Estados Unidos. Es decir, no apelando a un alineamiento extremo o con base puramente ideológica, y en eso reside su principal diferencia en relación a su sucesor.

3. La política exterior de Brasil hacia China en la presidencia de Bolsonaro

Jair Mesias Bolsonaro asumió la presidencia de Brasil el 1 de enero 2019. Desde su campaña presidencial ya se preanunciaban los cambios en el rumbo de la política exterior. Las pautas más importantes de dicha campaña fueron: la aproximación con Estados Unidos, Israel y Taiwán; un mayor grado de apertura comercial, con reducción de tarifas y la promoción de acuerdos bilaterales; la profundización de la integración regional latinoamericana con gobiernos no dictatoriales; presión para el cambio de régimen en Venezuela; y el traslado de la embajada de Brasil en Israel para Jerusalén (Vidigal, 2019). Por otra parte, las críticas a la estrategia de política externa adoptada a lo largo de los gobiernos del PT también permitieron advertir esos cambios.

Jair Mesias Bolsonaro asumió la presidencia de Brasil el 1 de enero 2019. Desde su campaña presidencial ya se preanunciaban los cambios en el rumbo de la política exterior. Las pautas más importantes de dicha campaña fueron: la aproximación con Estados Unidos, Israel y Taiwán; un mayor grado de apertura comercial, con reducción de tarifas y la promoción de acuerdos bilaterales; la profundización de la integración regional latinoamericana con gobiernos no dictatoriales; presión para el cambio de régimen en Venezuela; y el traslado de la embajada de Brasil en Israel para Jerusalén (Vidigal, 2019). Por otra parte, las críticas a la estrategia de política externa adoptada a lo largo de los gobiernos del PT también permitieron advertir esos cambios.

Según Pautasso (2020), desde el ascenso de Bolsonaro, flagrantes incertezas en cuanto a los rumbos del accionar internacional de Brasil se han erigido, sobre todo, delante de la errática conducción de la diplomacia brasilera por parte del canciller Ernesto Araújo, responsable por romper con patrones históricos de conducta del Ministerio de Relaciones Exteriores. Gomes Saraiva & Costa Silva (2019) también sostienen que muchos patrones consolidados de comportamiento internacional del país fueron puestos en jaque. Para estos autores, el actual gobierno de Bolsonaro revela vivenciar una tensión entre pragmatismo e ideología en su política exterior [iii].

Desde finales de los años de 1990, Brasil venía adoptando una estrategia de inserción internacional basada en la diversificación de sus relaciones y en invertir en instituciones multilaterales como forma de contener las grandes potencias y enfrentar problemas de acción colectiva. El gobierno de Bolsonaro, transformó de forma radical esa orientación, adoptando una estrategia de alineamiento automático con Estados Unidos (Esteves, 2020). Éste adhiere de manera explícita a muchas de las iniciativas del gobierno de Trump en relación a las ofensas a China y tienden a atacar el ascenso de China en el orden internacional, en diversos aspectos, como económico, financiero y tecnológico. Esto, claramente tensiona las relaciones con China.

Después de décadas de cooperación mutua en las relaciones sino-brasileras, los vínculos se vieron altamente afectados a raíz de dicha reorientación de la política externa. La falta de estrategia y pragmatismo quedó en evidencia después de una serie de ataques sin fundamento al país asiático. Cuando aún era candidato a la presidencia, Jair Bolsonaro se refirió a China como un depredador que quería dominar sectores estratégicos de la economía, afirmó que los chinos no deberían tener autorización para adquirir tierras en Brasil o controlar industrias esenciales y declaró, reiteradas veces, que “los chinos están comprando Brasil” (Vidigal, 2019). Desde la campaña, la familia Bolsonaro movilizó una retórica que presentaba a China como potencial amenaza de cara a movilizar su base de apoyo. Incluso, un tema fuerte en la misma fueron las relaciones exteriores de los gobiernos anteriores, cuando China estaría siendo supuestamente privilegiada por causa de aproximaciones ideológicas entre el PT y el Partido Comunista chino. Además, dado que China estaría “depredando” y “comprando” Brasil, él, como “patriota”, lo defendería de eso (Almeida, 2020).

a) Reajustar el discurso y evitar conflictos de intereses

Tal como señalan Gomes Saraiva & Costa Silva (2019), las palabras tienen en política externa un peso muy grande y pueden provocar reacciones de actores externos, incluso antes de cualquier acción concreta. Por ello, durante la misma campaña, Bolsonaro tuvo que bajar el tono en relación a sus manifestaciones de desconfianza hacia China, a raíz de las presiones de sectores económicos para moderar sus declaraciones. A lo largo de su primer año de gobierno, con la participación activa del vice-presidente de la república, el General Hamilton Mourão (co-presidente de la Comissão Sino-Brasileira de Alto Nível de Concertação e Cooperação), y de la Ministra de Agricultura, Tereza Cristina, la relación con China fue “normalizada”. La visita de Mourão a China en el mes de mayo, en que estuvo con Xi Jinping, fue considerada el marco de la superación de las desconfianzas iniciales entre los dos gobiernos y momento en el cual el vice-presidente pudo manifestar cierta insatisfacción con la falta de transparencia de algunas empresas chinas, como Huawei. Pragmático, Mourão consideraba más importante que eventuales declaraciones realizadas en el contexto de la campaña, el hecho de China haberse tornado el principal socio comercial de Brasil en los últimos diez años y de existir potencial para la expansión de los negocios entre los dos países (Vidigal, 2019). El presidente, tuvo entonces que ajustar su discurso y pasó a considerar a China un país “capitalista”, lo cual, desde el punto de vista de parte de su base de apoyo, justificaría la normalización de las relaciones (Esteves, 2020).

Su gobierno también buscó avanzar en la agenda de desmantelamiento institucional. Un ejemplo, es la Fundación Alexandre Gusmão, institución reconocida en la diplomacia brasilera, que es una de las instituciones que actualmente canaliza los ataques del gobierno hacia China. Se ha encargado de difundir eventos en donde abiertamente asume un papel de atacar las relaciones sino-brasileras, actuando como una especie de portavoz del gobierno. Por otra parte, este caso también configura un ejemplo del peso ideológico que existe en la actual política externa brasilera.

Gomes Saraiva Costa Silva (2019), identificaron la existencia de múltiples actores autónomos interesados en influenciar la política externa del gobierno de Jair Bolsonaro. Un grupo, representa la defensa del predominio de la ideología, y sus principales actores son el mismo Presidente Bolsonaro y el canciller Araújo; y otro grupo, que defiende el pragmatismo, cuyos principales actores serían en vice-presidente, y, aunque en menor escala, el Ministerio de Agricultura. Este último grupo también tendría a representantes de la denominada “ bancada ruralista”, conformado por defensores de los intereses del sector agropecuario brasilero. A raíz de la importancia de los negocios de ese sector con China, este grupo presionó al gobierno para que este limitara el alcance ideológico de la política externa. Cabe recordar que ninguno de los gobiernos o presidentes anteriores había colocado en duda la importancia del país asiático en la política externa del país (Vidigal, 2019).

b) Los ataques y declaraciones en el contexto de la pandemia

Con la pandemia ocasionada por el Covid-19, la xenofobia y el anticomunismo impulsaron discursos aún más reaccionarios, provocando nuevos roces en la relación de Brasil y China. La iniciativa de la familia Bolsonaro de vincular la pandemia a la acción del gobierno chino no podría ser más explosiva (Esteves, 2020). En marzo del 2020, el diputado Eduardo Bolsonaro, hijo del presidente, y que además ocupa el cargo de presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores y Defensa de la Cámara Federal, dijo que China era culpada por la pandemia del “virus chino” y por haber censurado su divulgación, como en la “dictadura soviética” (Almeida, 2020).

China respondió a través de su embajador en Brasil, Yang Wanming, que, repudiando los dichos del diputado, exigió una disculpa al pueblo chino. Ernesto Araújo, Ministro de Relaciones Exteriores de Brasil, defendió al diputado y exigió que el embajador se retractase, empeorando las relaciones diplomáticas y generando perjuicios a la economía brasilera. Posteriormente, Eduardo Bolsonaro volvió a atacar refiriéndose al “virus chino”, siendo contestado esta vez por el Consul de China en Rio de Janeiro. Abraham Weintraub, ex ministro de educación, también hizo una broma xenófoba en relación a China y fue contra-atacado (Almeida, 2020).

Beijing ha buscado controlar la narrativa en torno a la pandemia Covid-19 y a las referencias al país, y presentarse como una fuente de soluciones y un socio abierto a la cooperación. A través de ese nuevo posicionamiento (de contestar los ataques), China se presenta como un agente menos paciente y tolerante que en el pasado, actitud que fue demostrada por el embajador Yang Wanming en los episodios con el diputado Eduardo Bolsonaro y el ministro Weintraub. La nueva cara de la diplomacia china le deja a Brasil poco espacio para maniobra (Esteves, 2020).

En mayo, fue divulgado un video de una reunión ministerial del 22 de abril, cuando el presidente y el ministro de Economía, Paulo Guedes, atacaron a China, pero el embajador chino minimizó el hecho. Sin embargo, luego otro de los hijos de Bolsonaro apareció en un video con una bandera de Taiwan y el slogan “viva Taiwan” (Almeida, 2020).

Según Chade (2020), en la Organización Mundial de la Salud (OMS), Brasil también se sumó a la propuesta estadounidense cuyo objetivo era frenar la influencia china en la agenda de la salud global, detrás de un supuesto plan comunista que tendrían algunos para usar la pandemia para dominar las instituciones de salud global. En octubre de este año (2020), Bolsonaro mostró su falta de conformidad con la vacuna CoronaVac, desarrollada por el laboratorio chino Sinovac y el Instituto Butantan de São Paulo. Declaró que iba a cancelar un supuesto acuerdo entre el Ministerio de Salud y el gobierno de São Paulo para la adquisición de 46 millones de dosis de CoronaVac, que en realidad sólo se trataba de un protocolo de intenciones (Andrade, 2020). Ante esto, el Ministerio de Salud fue presionado a modificar un comunicado en el que se anunciaba este protocolo (G1 Globo, 2020).

Pese a los ataques del gobierno federal, muchos de los mandatarios a nivel provincial y municipal en medio de la pandemia, se vieron ante la necesidad de importar insumos hospitalarios de China y también se manifestaron en contra de los anuncios de Bolsonaro. Por ello, evitaron caer en ese discurso y se mostraron abiertos al diálogo con el país asiático. Se dio un aumento de la paradiplomacia, contrapuesta a la política por parte del gobierno federal.

c) La decadencia de Brasil como impulsor del multilateralismo

Antes de la presidencia de Bolsonaro, Brasil era considerado un promotor del multilaterialismo. A nivel mundial, por su papel en los BRICS y a nivel regional, por su rol de impulsor de la integración en América del Sur. Los BRICS constituyen un polo de poder internacional, que tiene un papel sustancial en la transformación del orden global y del impulso del multilateralismo. Principalmente porque se opone al modelo de hegemonía de Estados Unidos. China es un aliado de Brasil por ser parte de este bloque, sin embargo, la relación bilateral Brasil-China también se vio afectada dentro del mismo. La participación brasilera tuvo su perfil rebajado dentro de los BRICS desde que asumió Bolsonaro. En el G20 de 2019, los líderes de Rusia, India y China llegaron a realizar una reunión trilateral, sin participación de los líderes de Brasil y Sudáfrica (Estadão, 2019).

Brasil es considerado como un orientador y articulador del resto de los países latinoamericanos, dado su papel preponderante que ocupa en muchas dimensiones del proceso de integración. La diplomacia brasilera ha tenido un gran protagonismo a partir de los años 90´ con el Mercado Común del Sur (MERCOSUR), luego con Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR), con la Iniciativa para la Integración de la Infraestructura (IIRSA), el Banco del Sur, entre otras iniciativas (Pautasso, 2013). Es a través de una mayor integración que el país podría obtener mayores ventajas en el comercio internacional, estableciendo asociaciones con sus socios regionales. Sin embargo, la integración regional tampoco es una prioridad en el gobierno de Bolsonaro.

Su condición de líder regional, fruto de la historia reciente de los gobiernos de Lula da Silva y Dilma Rousseff, se ha visto afectada. El alineamiento del gobierno de Brasil con Estados Unidos, así como los sucesivos errores en la política exterior hacia China, no solo opone a Brasil con el resto de sus vecinos de la región, como Argentina, Venezuela e incluso Bolivia (que actualmente buscan una política externa menos dependiente de Washington), sino que también, indirectamente, promueve la desarticulación de políticas regionales y la implementación de estrategias conjuntas. Esto se puede visualizar con mayor claridad en el contexto de la pandemia, en la que no existe cooperación en la búsqueda de soluciones conjuntas. Consecuentemente, existe una pérdida de liderazgo de Brasil como impulsor de políticas de integración, cuyo origen también está en su quiebre en las relaciones con China.

Para Ríos (2020), los países suramericanos con mayores niveles de industrialización, como Brasil y Argentina, no pueden desaprovechar la oportunidad que ofrece China a través de su financiamiento para modernizar y replantear las infraestructuras y el desarrollo. Pero advierte que el peso que China representa en la cartera de negocios para cada país influye en la definición del nivel y modelo de vinculación elegido. Para ello, más que estrategias aisladas por parte de cada país serían necesarias estrategias conjuntas frente a las relaciones con China. No obstante, el camino que sigue Brasil va en contra de esa dirección.

4. Aspectos comerciales y financieros

Después del ingreso de China a la Organización Mundial del Comercio (OMC) en 2002, los vínculos económicos y comerciales con Brasil se potencializaron, y en 2009 el país asiático se tornó el principal socio comercial de Brasil (Pautasso, 2020). Desde entonces la balanza comercial es positiva para Brasil. Tal situación no es idéntica en el patrón de las relaciones comerciales con Estados Unidos, en que hubo un predominio de déficits en la balanza, lo que realza la importancia del mantenimiento de una buena relación bilateral con China (Gomes Saraiva Costa Silva, 2019).

La relación comercial entre Brasil y China se caracteriza por una acentuada asimetría. Aunque el saldo comercial es positivo para Brasil, estratégicamente, es desfavorable, pues se importan productos industrializados y se exportan bienes primarios. Desde el año 2000 China ya se consolidaba como potencia exportadora en diversos ramos de la industria tradicional textil, en vestuario, calzados y plásticos, mientras que la industria brasilera seguía en una dirección opuesta, especializándose en productos más básicos y bienes agrícolas. Entre 2004 y 2014, China se tornó el principal proveedor de bienes industriales para Brasil, en especial, para productos de comunicación, informática, equipamientos electrónicos, de audio y video, e productos químicos, alcanzando casi 60% de las importaciones realizadas por Brasil. En sentido contrario, de las exportaciones brasileras para China, 92,8% fueron de commodities agroindustriales, insumos básicos industriales y petróleo, y las exportaciones de productos de mayor valor agregado, que eran de 11,2% en 2004, se redujeron para 2,6% en 2014 (Favaretto Prieto et al., 2020).

Gráfico Nº1: Productos exportados desde Brasil hacia China durante 2019

Fuente: Elaboración propia en base a datos de ComexVis

Gráfico Nº2: Productos de origen chino importados por Brasil durante 2019

Fuente: Elaboración propia en base a datos de ComexVis

Un cuarto del total de las exportaciones brasileras para el periodo comprendido entre (2015-2019) estuvieron concentradas en China, esas exportaciones, a su vez, se encuentran altamente concentradas en tres productos, soja, minería de hierro y óleos de petróleo respondieron en 2019 por 75% (Esteves, 2020). Esto refleja que el sector agropecuario es un sector vital para la economía brasilera. Además de ser un importante vector de desarrollo económico del país, ocupa un espacio central en la comprensión de la agenda comercial y de inversiones entre Brasil y China (Favaretto Prieto et al., 2020). Es de destacada importancia en esta relación económica el complejo agroindustrial de soja y carnes Brasil-China.

Gráfico Nº 3: Exportaciones anuales desde Brasil hacia China en US$ (2001-2019)

Fuente: Elaboración propia en base a datos de TradeMap

El gráfico Nº3 muestra los valores anuales en dólares de las exportaciones de soja y porotos desde Brasil hacia China para el período 2001-2019. Los datos fueron extraídos del sitio web TradeMap y se usaron los códigos de comercio internacional 120110, 120100 y 120190. Es posible observar que las exportaciones de soja y poroto hacia China presenta una tendencia positiva, aunque sufrió una caída en el período 2014-2016. El monto mínimo exportado hacia China fue en el año 2001 por un valor de US$ 537 y el monto máximo en el año 2018 por US$ 27.342.586. Desde ese año, se observa una tendencia decreciente significativa en dichas exportaciones, cuya cifra alcanzó sólo US$ 20.502.316 en 2019. Los datos disponibles hasta el tercer trimestre de 2020, sin embargo, arrojan un valor de acumulado de US$ 20.199.511, lo que quiere decir que la tendencia al menos aún se mantiene estable o incluso puede crecer en el último trimestre.

En el mismo gráfico, también se muestran las exportaciones de aceites crudos de petróleo o mineral butaminoso de Brasil hacia China. Se utilizó el código de comercio internacional 270900. Se observa que la serie tiene una tendencia creciente, aunque desde 2011 y hasta 2016 (año del proceso de Impeachment a la presidenta Rouseff y de finalización del gobierno del PT), las exportaciones se han mantenido relativamente constante. Desde el año 2016 presenta un crecimiento casi exponencial, aumentando desde US$ hasta en 2018, pero a partir de allí tiende a estabilizarse nuevamente. De ambos gráficos se puede visualizar un quiebre y un cambio en la tendencia en 2018, año en que fue electo el presidente Bolsonaro.

Las Inversiones Extranjeras Directas (IED) de China en Brasil también se han intensificado, principalmente desde 2010. Entre 2010 y 2013 se destacaron en proyectos de minería y extracción de petróleo y gas. Desde 2014, hay una clara concentración de los proyectos en el sector eléctrico dentro de la generación y la transmisión (Ministério da Economia do Brasil, 2019). Estas inversiones se caracterizan, además de ser en sectores estratégicos para la economía, por ser de largo plazo. Tiene una participación marcada de grandes empresas estatales chinas del sector, como State Grid y Three Georges Corporation, que actúan con mayor poder debido a la coyuntura de debilitamiento de las empresas estatales de energía brasileñas como Eletrobras, Petrobras y CPFL Energia. Este debilitamiento es constantemente impulsado por las políticas de recortes públicos de Bolsonaro (Saggioro, 2020).

El avance de China en el sector de las telecomunicaciones 5G, tecnología e infraestructura de telecomunicaciones, es otro punto tenso en la relación de China con Brasil. La participación de la empresa Huawei en los mercados occidentales generó controversias entre Estados Unidos y China. Después de la visita realizada en mayo de 2019, el vice-presidente Mourão (considerado referente del pragmatismo), afirmó en una entrevista, que Brasil debería sacar provecho de la guerra comercial entre EEUU y China y que el país no prohibiría la presencia de Huawei y de su tecnología 5G en Brasil, a pesar de los pedidos de Trump al presidente Bolsonaro en la visita de éste a los Estados Unidos. También resaltó la importancia de China como socio comercial de Brasil y la fluidez de las relaciones entre los dos países, en un evento del Consejo Empresarial Brasil-China. El Ministro Araújo, en cambio, asumió una postura opuesta a la del vice-presidente, afirmando que averiguaría los “problemas” de la tecnología de la gigante china, afirmando que la decisión final sobre la operación o no del 5G le compete al presidente Bolsonaro (Gomes Saraiva Costa Silva, 2019).

5. Consideraciones finales

Brasil atraviesa por un ciclo de inestabilidad política e institucional, incluso anterior al proceso de impeachment de la ex-presidenta Roussef. Este patrón de inestabilidad parece haberse intensificado desde el ascenso de Bolsonaro a la presidencia, y desde allí, la errática política exterior y los sucesivos ataques hacia el país asiático, evidencian la falta de pragmatismo. La posición de Itamaraty puede traer profundas consecuencias a la economía brasilera. Aunque las relaciones sino-brasileras siguen siendo altamente significativas, es innegable que esto ha provocado una serie de retrocesos en el ámbito comercial y financiero..

Por otro lado, teniendo en cuenta que Brasil se caracteriza por ser una potencia media en el orden internacional, son inexplicables las ofensas hacia el país asiático, y más aún si se considera el contexto actual de crisis sanitaria global, que ha deteriorado las economías de los países menos preparados, como en su caso. Su alineamiento a la política externa estadounidense, sin aparente contrapartida, no hace más que perjudicar al país y generarle más conflictos, como el hecho de oponerse a sus vecinos suramericanos.

China continuará abriendo su mercado para productos agrícolas de Brasil, y se muestra dispuesta a expandir la cooperación en varios campos (Ministery of Foreing Affairs of China, 2020). Por parte de Brasil, resta apenas esperar que los sectores que tienen un vínculo más estrecho con el país asiático, como el sector agropecuario y de minería, presionen al gobierno para que éste actúe bajo una política más coherente y en defensa de los intereses nacionales. La importancia que se merecen las relaciones Brasil-China, debe estar manifiesta no apenas en los discursos, sino también en las intenciones de sostener el diálogo abierto, cooperativo y con respeto mutuo, con foco en la canalización de sus inversiones y financiamiento en sectores estratégicos y el mantenimiento de relaciones comerciales mutuamente beneficiosas.

Biografía

Bibliografía

Notas

[1] Término acuñado para hacer referencia al bloque conformado por Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica.

[2] En referencia a Brasil, Sudáfrica, India y China.

[3] Según Gomes Saraiva Costa Silva (2019) una política externa pragmática estaría basada en la utilidad y practicidad de sus ideas, en la que el peso de las consecuencias de cada acción, supera el aprecio por uno u otro principio ideológico. Mientras tanto, una política externa ideológica estaría asociada a un planeamiento de medio-largo plazo, como una política de Estado.